“Vientos de La Habana” Cubano-noir

¿Recuerdan una serie de novelas policíacas escritas por el sueco Stieg Larson y publicadas tras la muerte de este con el nombre global de “Millenium”?. Tanto las novelas como sus adaptaciones fueron un fenómeno cultural la década pasada. Esos thrillers estaban marcados por el frio no sólo espacial, sino también vital de la sociedad sueca. Pues aquí estamos ante el ejemplo contrario: Thriller policiaco a lo caribeño. No podría ser más diferente, ¿no?. Sin embargo la adaptación realizada por el ganador del Goya Félix Viscarret sobre la obra del ganador del premio Princesa de Asturias de las letras me recuerda a las adaptaciones de la obra de Larson.

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Mientras los cálidos vientos azotan las noches de La Habana, el inspector de policía Conde conoce a Karina, una enigmática mujer por la cual se siente profundamente atraído. Al mismo tiempo asignan a un policía tan poco ortodoxo como él la investigación del asesinato de Lissette Núñez, profesora del mismo instituto preuniversitario donde el propio Conde estudió. Conforme comienza una intensa relación con Karina, Conde va construyendo un retrato de la vida oculta de Lissette que le permita dar con el asesino y descubrir que el escenario de sus antiguos recuerdos de estudiante ha cambiado demasiado, como ha cambiado la indescifrable y contradictoria ciudad de La Habana.

 

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Leonardo Padura con los actores que dan vida cinematográfica a sus creaciones

Vaya por delante una aclaración: no he leído las novelas de Padura en que se basa la cinta, por lo que el siguiente artículo se refiere única y exclusivamente al presente y, digámoslo ya, excelente film y tan sólo elucubra sobre los escritos de Padura. Dicho lo cual, nos metemos en harina.

Como he comentado más arriba, la cinta dirigida por Félix Viscarret respira Caribe. Se abre la cinta con una imagen de la capital cubana anocheciendo, seguida de un camión de limpieza que impregna las calles de ese vapor tan de cine negro. En apenas unos planos la inteligente puesta en escena del director nos presenta a uno de los personajes más importantes del film, la urbe Habanera, de manera que todo aquel que ha estado allí la reconozca -Un amigo comentó al ver la cinta que todos y cada uno de los planos del film olían a la Habana- y además nos prepara para vivir esa historia policial.

A su vez también nos presenta al protagonista, Mario Conde (Jorge Perugorría), un policía con el mismo desencanto vital que transpiraban Phillip Marlowe o Sam Spade, con la diferencia de que este detective encuentra una razón para vivir: Karina (Juana Acosta). Ella, enigmática y seductora, le lleva a una nueva adolescencia que le hace recuperar sus sueños de escritor. Esa adolescencia lejana y perdida que recuerda entre risas, música y rones con esos amigos suyos de toda la vida -y que todos tenemos- que están igual de jodidos que él por haber dejado escapar sus sueños es, en realidad, el tema principal del film. Se da la circunstancia de que Conde es policía y un caso le lleva, precisamente, a ese lugar donde pasó la adolescencia, el instituto de La Vívora.

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La historia real del film: un hombre que intenta retomar sus sueños de juventud

En esta cinta, la conexión entre ese instituto de su adolescencia y la vuelta del amor son los que hacen que vuelva a escribir, retomando aquellos sueños de juventud -y ese sobresaliente plano final lo ratifica- pero sin embargo el guión no pone el acento en ello y resiente la trama. No nos engañemos. La historia policial es un Mcguffin, como decía Hitchcock, para contar la vida de ese hombre que desea enamorarse y olvidar la mierda de vida en la que vive, pero precisamente su trabajo le hace ver lo peor de la sociedad.

El film presenta una dicotomía entre el personaje y su entorno y la trama detectivesca. Lo más interesante es la construcción del personaje de Conde con sus amigos, todos magníficos, frente a una trama policíaca de lo más convencional, donde hay algún apunte crítico, pero muy de pasada. Y ya dentro de la parte de Conde como personaje la historia se parte entre sus amigos, sueños y metas y la historia de amor. El inesperado amor de Conde por Karina le hace volver a escribir y a recuperar sus sueños perdidos. El guión, sin embargo, pone más peso en la historia de amor con Karina que en la construcción de su faceta como escritor y eso, en un momento dado, ralentiza el film. Además la resolución de la trama de Karina no es satisfactoria para Conde, pero para el espectador tampoco, por lo que no se entiende que se le ponga tanto énfasis. Y ese es el punto negativo, porque por lo demás, todo es excelente: la brillante construcción de los amigos, relación con sus compañeros policías o la traslación del tópico policíaco a la realidad cubana.

Evidentemente también ayuda un Jorge Perugorría que demuestra que es una estrella dentro de la cinematografía Iberoamericana porque lo vale. El tío se come cada plano en que aparece. Está excelente. Su composición del detective sosegado -no le verás correr, siempre está sentado esperando- romántico, amigo de sus amigos y astuto, está a la par de la de cualquier Tom Hanks (recordemos, 2 oscars), Denzel Washington (otros 2 oscars) o cualquier otro actor internacional que transforma en suyo al personaje para llenarlo luego de matices. Excelsos también están su grupo de amigos, todos ellos con una química descomunal con Perugorría, con los que te ríes y sufres a la par que ellos. Su amigo El rojo, el capitán, Karina … la selección de intérpretes está realmente bien hecha. Incluso el compañero, Manuel Palacios (Carlos Enrique Almirante), cuya interpretación es un poco más endeble -no sabemos si por lo poco desarrollado de su personaje o por el propio actor- se beneficia de la química con Perugorría, dando momentos tan Sherlock/Watson que incluso te hace olvidar la, como digo, convencional -o televisiva- trama detectivesca.

En cuanto a la dirección, nada más empezar ya he dicho que es una dirección inteligente. Sabe presentar a los personajes, sabe cuándo ha de ser espectacular y cuándo debe dejar que sea el actor quien te impresione -algo que directores premiados como Alejandro González Iñárritu no sabe hacer- y sobre todo, sabe cómo de crear atmósfera con la fotografía -excelente labor la de Pedro J. Márquez- con la música o con una sobria pero dinámica puesta en escena.

Sobre la música, aparte de la obligada música caribeña, ajustado tanto el Jazz, tan de cine negro, como ese rock que hace añorar al grupo de amigos ese pasado tan presente en toda la cinta. Sobre la fotografía … poco más que añadir que no se vea en el tráiler. Es cine negro en estado puro. La propia ciudad de La Habana da, aunque pareciera increíble a priori, el tono noir. Recuerda a los policíacos protagonizados por Frank Sinatra en “Hampa dorada” (1967) y “la mujer de cemento” (1968), que ocurre en los resorts de Miami, pero venidos abajo por el paso de los años. Una mezcla entre el decadente Noir post guerra, pero con el color vibrante del caribe y el Neo Noir de finales de los 60 y principios de los 70 donde ya no hay tantos callejones y sí más espacios residenciales.

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El director Félix Viscarret

El director de “Bajo las estrellas” además sabe mostrar el deseo en pantalla, cuando Karina y Mario están tomando unas copas antes de bailar, el garito tiene el color de ojos de él y el color de pelo de ella. Tras uno y otro se encuentra el color contrario del que representan, pero con un punto del color opuesto, dando así más información aún del que da el propio guión. Además, de forma sublime, posteriormente se sucede en dos tiempos una persecución con la relación de ellos, indicando la caza en ambos campos. Sin duda, estos detalles son los que elevan el film.

Vuelvo ahora a comentar las adaptaciones de Stieg Larson y es que, como ocurriera con la saga Millenium, mucho se especuló sobre cómo serían sus intérpretes y llegaron unas adaptaciones televisivas con unos actores que no sólo se ajustaron, sino que hicieron suyos los personajes. Este proyecto sobre las novelas de Padura también tiene un origen televisivo, porque aún a pesar de que esta primera adaptación se ha realizado para cines, el mismo equipo ha adaptado para una próxima serie de TVE las otras tres -de las ocho- novelas protagonizadas por Mario Conde que tienen las estaciones en La Habana como tema de fondo.
La diferencia es que la serie sueca es absolutamente plana y le debe todo a los intérpretes y aquí, como ocurría en “Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres” (2011), la americana, la dirigida por David Fincher, un gran director se posiciona sobre una trama televisiva más que discreta, para ofrecer un espectáculo cinematográfico completo. Para mí Viscarret, más discreto que Fincher, se erige en el gran director que es e impulsa la película con la complicidad del reparto.

En definitiva, estamos ante una pequeña pieza de cine imperfecta, pero disfrutable, donde la primera hora pasa como un suspiro, pero en un momento se pierde por la excesiva “novelización” de un guión que pedía más conexión entre las tramas y menos relevancia al personaje de Karina. Un 7 para un film disfrutable y recomendable.
De hecho, recomiéndala, recomienda el trailer español (o hispano cubano), que no tiene nada que envidiar al estadounidense, británico … o sueco.

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Director Félix Viscarret
Guión Lucía López Coll, Leonardo Padura y Félix Viscarret
Director Cine y Ficción TVE Fernando López Puig
Producción Tornasol Films,
Lía Rodríguez,
Hernández y Fernández PC,
Mistery Producciones AIE
Nadcom Film
Música Mikel Salas
Fotografía Pedro J. Márquez
Montaje Antonio Frutos
Intérpretes Jorge Perugorría
Carlos Enrique Almirante
Mario Guerra
Juana Acosta
Mariam Álvarez
País España-Cuba-Alemania.

Trailer de “Vientos de la Habana”

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