Canción de cuna para un cadáver: ¿A quién le importa qué fue de Baby Jane?

Creo que fue Cecil B. DeMille quien dijo que una buena película ha de empezar con un Shock, con una explosión, y de ahí hacia arriba. Pues según esa norma, “Canción de cuna para un cadáver” (1964) ha de ser una buena película, porque empieza con un sangriento asesinato y de ahí … la cosa se va liando.

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Una envejecida y recluida belleza sureña, Charlotte (Bette Davis), vive devastada por un horrible secreto familiar concerniente a un asesinato. Tras el anuncio de desahucio de Charlotte, Drew (Joseph Cotten) y Miriam (Olivia de Havilland) llegan para ayudarle porque todo parece indicar que ha emprendido un viaje hacia la locura.

En 1962 el director Robert Aldrich rodó una obra maestra del cine de suspense que era “¿Qué fue de Baby Jane?”. En ella, a pesar de un excelentísimo guión y una gran dirección, lo que más brilló fue el duelo interpretativo de dos estrellas del Hollywood de los 30 y 40, que se odiaban abiertamente en la vida real: Bette Davis y Joan Crawford.
La película dejó a todo el mundo boquiabierto porque daban por acabadas a las dos divas y ahí estaban, resurgiendo y haciendo una taquilla brutal. Evidentemente había que plantear un regreso.

Tras un bodriete protagonizado por Frank Sinatra, Dean Martin y Ursula Andress, Aldrich comienza a rodar de nuevo con Davis y Crawford, pero Crawford enferma y la producción se complica. Se lía la cosa porque la actriz de “Flamingo Road” vuelve, pero se siente marginada por la estrecha relación entre Davis y Aldrich y se vuelve a hacer la enferma para presionar y conseguir más protagonismo, por lo que Aldrich se va a París y contrata a Olivia de Havilland antes de despedir a la Crawford, quien se sintió despechadísima y rajó en plan “Salvame” de todos los que participaron. Por cierto, alguna toma suelta y de lejos de la Crawford quedó en la película.

Si la producción es así, ¿cómo podría ser la película? Habitualmente cuando esto ocurre el resultado final es catastrófico, pero Aldrich contaba con un guión atado y bien atado y con las ideas muy claras en cuanto a puesta en escena.

En cuanto el guión es una adaptación de una historia de Henry Farrell, escritor de “¿Qué fue de Baby Jane?” y de la novela corta “¿What ever happened to Cousin Charlotte?”, algo así como “¿Qué fue de la prima Charlotte?”, demasiado parecido al título de la película anterior, por lo que se decidió cambiarlo por el título de la nana escrita por Frank de Vol que suena durante el film, “Hush … hush, sweet Charlotte”.

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“Calla … calla, dulce Charlotte”, que es más o menos la traducción de la nana, puede verse en varios niveles. Se supone que esa nana está escrita por Big Sam (Victor Buono) el padre de Charlotte , quien ama de forma sobreprotectora a su hija. Cuando Charlotte quiere fugarse con su amante John Mayhew (Bruce Dern), Brig Sam le amenaza para que deje a su hija. En una fiesta posterior John deja a Charlotte y este es asesinado. Charlotte encuentra el cadaver y aparece en la fiesta con su vestido blanco manchado de sangre. Big Sam, imponiéndose a Charlotte, se la lleva.

Todo esto ocurre en los 10 minutos previos a los títulos de crédito y en ese tiempo Aldrich ya nos ha dado una masterclass de cine. Nos presenta las fuerte raíces familiares que tiene este drama, y un padre excesivamente sobreprotector que sólo quiere a su hija para sí, mientras su amante le indica que habrá más hombres para ella. Este diálogo es muy revelador, porque casi hace sentir que padre e hija comparten algo más que devoción paterno-filial. En la posterior fiesta vemos una casa dominada por luces y sombras, amenazantes estas últimas. Cuando John deja a Charlotte unos periquitos están encerrados, en una enorme jaula si, pero encerrados. Esto por un lado es un homenaje a la escena más perturbadora de “¿Qué fue de Baby Jane?”, pero también indica que por más grande que sea la jaula, sus habitantes están encerrados igual.
Tras esto se sucede la muerte. Aldrich opta por hacer lo mismo que Hitch en “Psicosis” (1960) y filma la sangrienta escena en blanco y negro, evitando así posibles censuras, pero siendo increíblemente gore para la época.
Finalmente Charlotte encuentra el cadáver y aparece en la fiesta con su vestido blanco con una mancha chorreante de sangre desde su regazo, con todo el mundo mirando y sin hacer nada. Tras esto Big Sam se dirige a Charlotte intentando hacerse cargo de la situación, mientras esta, reacia, se niega, pero finalmente le lleva aparte. Aquí la mancha significa claramente la pérdida de la virginidad de la jóven, no quedando claro si por John o Big Sam, quien fuerza a la joven hacia la oscuridad.

El título “Calla … calla, dulce Charlotte”, no olvidemos que está escrito por su padre, podría deberse porque ellos tienen una relación … bien porque ella sospecha que su padre pudo ser el asesino.

el vestido ensangrentado

Una muy gráfica imagen que dice mucho

una mansión con secretos

Una casa sureña que encierra secretos en su interior

Esta ambigüedad se mantiene durante toda la película, porque no sabemos quién es el culpable del crímen, salvo las sospechas que tenemos de que Charlotte, demente, pudo ser la responsable. Charlotte y Miriam se reprochan mutuamente cosas de sus pasado, por lo que también podría haber sido Miriam. Pero Miriam encuentra un vestido destrozado y desde entonces lo que parece un thriller se convierte en un cuento de terror con una casa que podría estar embrujada por el fantasma de John Mayhew.

El guión, salvando las distancias, me recuerda al de “El sexto sentido” (1999), en el que todo está perfectamente dibujado, pero cuando lo ves por segunda vez, descubres que guionista y director te la han metido doblada. Hay un escritor inteligente que sabe lo que el espectador va a pensar y le da la vuelta. Hay pues un guión muy inteligente, -ATENCIÓN, SPOILER- pero es importante que no se vea una película que sirve de clara inspiración a esta que es “Las diabólicas” (1955), porque el tercio final de “Canción de cuna para un cadáver” está calcado de la película de Henri-Georges Clouzot. -FIN DEL SIBILINO SPOILER-

Robert Aldrich es un director eminentemente masculino y hasta machista, pero sin embargo en su díptico con Bette Davis demuestra una sensibilidad deslumbrante para lo femenino, arrancando unas portentosas interpretaciones de las actrices protagonistas. Sabe que de la Davis siempre se espera que sea una bruja despiadada y desde ahí construye el personaje.
En cuanto a su forma de rodar, como digo antes, elige el blanco y negro para no destacar la sangre pero también para bañar la casa en la oscuridad y crear una atmósfera malsana y amenazante que es otro de los protagonistas del film. Usa también multitud de planos de visión forzada, cenitales, angulaciones etc, jugando con el espectador, en los momentos de mayor tensión para apoyar el estado de incomodidad, demostrando una notable maestría en la puesta en escena.

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Olivia de Havilland y Joseph Cotten

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Bette Davis rodeada de muerte

En cuanto a los actores, puedo hacer un copia y pega de la lista de los que interviene y decir que están todos magníficos. Bette Davis y De Havilland mantienen el duelo interpretativo durante todo el metraje, sin bajar la intensidad ni un segundo. Podría apostillar que la mosquita muerta -en pantalla grande sólo- de De Havilland no habría tenido la intensidad de la Crawford, pero creo que está más apropiada para el papel. Por otro lado tenemos a dos actores de la compañía de Orson Welles, que son el ubícuo Joseph Cotten, que lo mismo vale para un roto que para un descosido, que siempre va a estar elegantemente profesional y a Agnes Moorehead, haciendo uno de esos excéntricos papeles que bordaba. Eso en cuanto a los principales, pero por ahí tenemos a Victor Buono, Cecil Kellaway, Bruce Dern , el ganador de un Oscar George Kennedy y una irreconocible Mary Astor – la femme fatale de “El Halcón Maltés” (1941)- que brillan en sus pequeñas aportaciones.

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Como ya he dicho, todo es soberbio. Incluso hay un cabo suelto para mí que puede obviarse, porque el conjunto es perfecto. Grandes interpretaciones, dirección, fotografía -excelente- y una gran banda sonora. Sin embargo “Canción de cuna para un cadáver” está rodada a la sombra de “¿Qué fue de Baby Jane?”, con el mismo elenco y director, con un tema parecido y muy poco tiempo después. Es difícil superar a la historia de las dos hermanas actrices, pero la película de la que hablamos lo consigue … salvo por un único aspecto, el morbo de ver a las dos actrices sacando lo mejor de si mismas aún a pesar de su odio. Ese morbo es el único punto que pone esta por debajo de la otra, pero eso también ha significado que su recuerdo esté diluido en la historia del cine en favor de la otra.
Ya en la época eso se tradujo en los números, ya que la película costó 2,235,000 de dólares, lo que hoy sería unos 18 millones, recaudando 4 millones, que son 34 millones de hoy que viene a ser el doble de lo que costó “¿Qué fue de Baby Jane?”, -1 millón de dólares- y menos de la mitad de lo que recaudó el film del 62 -9 millones de dólares-. Una pena, porque así entierra la historia grandes películas.

Y le ponemos nota. Un 8 es mi valoración para una gran película que recomiendo a todo aquel que le guste ver cine en estado puro.

Esa ha sido mi opinión y si no te ha gustado, francamente querid@, eso no me importa.